El carro de mis padres se detiene a cierta distancia de nosotros, ellos bajan del auto y me apresuro a ellos, emocionada de verlos por fin. Mi madre me toma entre sus brazos y me abraza con todas sus fuerzas, yo evito que apretuje a mis pobres crias.
—¡DONNA! — Me grita al oído. —¡MADRE GAIA, BENDITA SEAS POR CUIDAR DE MI CRIATURA!
—No hace falta que me grites al oído mamá... te escucho a la perfección— Le reprocho con dificultad, ya que me está estrujando con bastante fuerza.
—No me lo puedo c