Veo a la distancia la entrada de la aldea, rodeo el brazo de Reese con el mío y lo aprieto suavemente, respirar se me hace bastante difícil en estos momentos, tengo ganas de huir y no volver, pero es algo que debo hacer.
La camioneta se detiene, justo después de pasar la enorme puerta de madera, unas vallas de troncos protegen los alrededores de la aldea, me recuerda mucho a los asentamientos del siglo XVIII. Todos estamos callados, el ambiente se ha vuelto bastante tenso.
—Llegamos— Avisa el B