Encontrándose en el vasto espacio, frente a ese estanque artificial que anteriormente había visto, ella se sorprendió.
Acompañando los sonidos de las copas de esos árboles frondosos, meciéndose con el viento e iluminados por la cálida luz del atardecer… Dos cachorros sentados en esas rocas de unos cincuenta matros de altura.
—Mis… Mis cachorros… —susurró ella, sintiendo su corazón emocionarse y a la vez llenarse de paz, alegría y amor.
Connie al verla se levantó de la roca en la que estab