La mansión de Zoraida estaba sumida en un rotundo silencio.
En el centro de la habitación, la hechicera anciana miraba a su nieta, Reina Maray, con una mezcla de tristeza y determinación.
—Maray hija —habló Zoraida, su voz resonando con la autoridad de quien ha visto más de lo que podía soportar—. Según el chequeo completo… Debo decirte que el resultado es… devastador. Has quedado estéril.
El aire se volvió denso.
Maray, sintió que su mundo se desmoronaba.
Su corazón latía con fuerza,