—Deseo creer que la razón de tu presencia aquí soy yo… ¿Acaso es por lo que me dijiste en nuestra última conversación? —inquirió Reina Maray, dirigiéndose a Alfa Hugo.
Ambos se alejaban del sector de las ruinas, adentrándose en la zona boscosa.
El cielo, previamente teñido de un rojizo crepúsculo, se transformó en un opaco púrpura, mientras las estrellas comenzaban a asomarse tímidamente.
La brisa, cada vez más fría, acariciaba lentamente el cabello pelirrojo de esa hembra Alfa.
—Te he pro