Muerte

— El Alfa no se veía conforme con tan solo acariciar a la loba con los dedos así que había tomado la decisión de trasladarla a la cama al momento en que Siena sintió que su espalda había tocado la superficie del colchón supo que ya no habría marcha atrás y una vez más sintió que el oxígeno no llegaba a los pulmones cuando la lengua del Alfa la había penetrado las respiraciones de ellas eran anormales y retumban por toda la habitación sus manos agarrándose de las sábanas mientras gemía de placer
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