Capítulo 285. Equilibrio político.
La madrugada se consumió entre monitores, llamadas encriptadas y silencios demasiado densos como para llamarlos calma. Salomé no se movió de la habitación de Johan.
Le habían permitido permanecer a un costado, siempre que no interfiriera con el equipo médico. Así que se instaló en el sillón reclinable junto a la cama, con una manta sobre las piernas y la mirada clavada en el ritmo constante del monitor cardíaco.
Cada bip era una promesa. Cada respiración asistida, una tregua no hablada con é