Eran ya más de las veintidós horas cuando de repente sonó el teléfono en su habitación. Sorprendidas, se miraron.
—¿Quién es ahora a estas horas? —preguntó Mindy sorprendida y cogió el teléfono. Segundos después, le tendió el auricular a Cindy—. Es para ti.
Cindy frunció el ceño y respondió con un cortante —¿Sí?
—¿Puedo ir a la playa contigo sin preocuparme, o debo temer que me pongas un ojo morado? —sonaba en su oído la voz de Miguel Ángel, que parecía estar disfrutando enormemente.
—Jaja, mu