—¿El té?
—Sí, el té.
—¿Por qué yo?
—Porque me agradas.
—Bueno, no voy a refutar eso.
Esta vez mi comentario hace que no solo sonría, sino que también ría a carcajadas. Era agradable verlo sonreír de esa manera.
—Eres muy graciosa.
—Gracias por el cumplido.
—Entonces, ¿qué dices?
—Bueno… Acepto, pero tendré que acomodar mi horario para poder pasar un tiempo con usted. Ya sabe que soy madre, también estudio y trabajo. Usted entenderá.
—¡Ya veo! Esperaré a que estés libre.
—De acuerdo, aunque con