Luego venían las fotos de los diez años...
— ¡¿Tan gordo?! —exclamó Lucía sin poder contenerse.
En la fotografía, Carlos había perdido el encanto infantil y estaba tan gordo como un osito negro. Sí, no solo estaba gordo, también estaba moreno. Sus ojos quedaban reducidos a dos ranuras por la gordura de sus mejillas. La foto había sido tomada en verano; llevaba una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos que dejaban ver sus extremidades robustas y rollizas.
Lucía tosió discretamente y, ponie