—¿Se conocen? —preguntó Tacio con tono neutro.
Lucía asintió:
—Sí, nos conocemos.
—¡Por supuesto! —respondieron al unísono.
Tacio arqueó una ceja y lo examinó de arriba abajo, con evidente desagrado.
A Jorge no le importaba su escrutinio; tranquilamente apartó una silla y se sentó junto a Lucía. "Mira bien, mira qué fuerte es tu competencia, y si eres inteligente, retírate", pensaba.
Tacio: ¡Ja!
¡Este buscapleitos sí que era arrogante!
—Lucía, ¿no nos presentas? —Tacio levantó la barbilla—. Este