Lucía se arregló a toda prisa, se puso el plumón y mientras bajaba las escaleras corriendo, se iba colocando la bufanda.
Al llegar abajo, descubrió que una multitud de niños ya estaba en acción, jugando con la nieve con sus propios utensilios.
La primera nevada del invierno siempre era especialmente preciada.
Alejado de la multitud, Daniel la esperaba sonriente bajo un árbol cubierto de nieve. Los ojos de Lucía se iluminaron y corrió hacia él.
Al acercarse, notó que junto a sus pies había un cub