Los platos llegaron rápidamente. Durante la comida, el teléfono de Tacio sonaba constantemente con llamadas relacionadas con negocios. Cuando finalmente tuvo un momento de tranquilidad, miró a Lucía con expresión de disculpa: —Ayer en la fiesta de la abuela estuve tan ocupado que ni siquiera pude saludarte.
—No te preocupes —respondió ella comprensivamente. Como nieto mayor y único varón de los Mendoza de su generación, era natural que Tacio tuviera muchas obligaciones sociales.
—Me han dicho qu