La bofetada resonó con un sonido seco y contundente.
—¡¿Qué te dije antes de salir?! ¡Que te portaras bien y no tomaras las cosas de otros! ¡¿Te entró por un oído y te salió por el otro?! ¡Entrégalo ahora mismo! ¡Parece que quieres terminar en la cárcel, mocoso desobediente! —la anciana, con una velocidad sorprendente, comenzó a regañarlo inmediatamente después del golpe.
Todos quedaron paralizados ante la escena: el niño estaba aturdido, sus padres desconcertados, e incluso Lucía permaneció inm