Sofía sonrió...De repente, la puerta del cuarto de servicio se abrió desde afuera y entró un hombre. Con su llegada, las luces se encendieron por completo.
—¡Mierda! ¡Esta mujer se cortó las venas! ¿Cómo diablos la estaban vigilando? —el gerente regañó a gritos a los dos hombres de negro, para luego inclinarse servilmente ante el hombre que los lideraba—. Lo siento mucho, señor Casas, fue mi error.
—Detengan el sangrado —dijo el hombre con voz indiferente—. Es una herida menor, no morirá por est