Aunque Talia no conocía a Daniel ni sabía su relación con Lucía, nada podía detener su impulso de desahogarse con quien fuera.
Después del almuerzo, los tres volvieron al laboratorio.
Talia suspiró con las manos en la cintura: —Es espacioso, sí, pero qué difícil es limpiarlo, ay...
De repente...
—¿Este es el C116?
Dos personas de limpieza aparecieron en la puerta con sus utensilios.
—...¿Eh? Sí, este es el C116, ¿necesitan algo?
—¡Entonces empecemos!
La otra señora asintió y ambas se pusieron ma