"¡Yo... lo siento!". Ella se disculpó rápidamente. El dolor en su muñeca aliviaba su dolor de cabeza.
"¿Por qué me tocaste? ¿Por qué me llamaste por ese nombre? Ling Yiran, ¿de verdad no sientes nada por mí?". Sus ojos estaban fijos en ella.
Su rostro palideció y enrojeció. "¡Tú... lo has malentendido!".
"¿Malentendido?". Él se rio entre dientes de repente. “Entonces dime qué tipo de malentendido hará que me llames por mi apodo una y otra vez y hasta me toques la cara con la mano”.
Ella se m