“Jin…” el balbuceo de ella sonó desde su boca, y era como si una pesa de diez mil libras le estuviera golpeando el pecho.
El cuerpo de él se congeló de pronto, como si todos sus sentidos fueran envueltos por su voz.
Ella levantó la barbilla, y en su delicado rostro había una sonrisa. Sus suaves labios se acercaron a los de él y lo besó profundamente.
Él estaba fuera de sí mientras asimilaba su beso.
Fácilmente él podía haber esquivado ese beso. Él sabía que ella solo lo estaba haciendo porque