A Igor le gustaba pasear con los chicos por el jardín trasero de la finca, donde empujaba el carrito juntos, con uno a cada lado. Normalmente tardaba unos cuarenta minutos, antes de darse la vuelta y prepararse para salir a trabajar.
Era estupendo para los niños y también para él, que empezaba el día más relajado. Como padre, Igor demostraba ser muy protector. A los niños les encantaba estar con su padre y él los mimaba incluso demasiado. Siempre hablaba de ello, pero no había manera, él estaba