La palabra hizo que la vendedora alzara una ceja. Aquel lugar solo manejaba antigüedades raras y piezas de lujo. Un simple collar no sonaba prometedor.
—Déjame verlo —dijo, estirando la mano con un leve gesto de impaciencia, ya esperando rechazar a Bianca de inmediato.
Bianca soltó un suspiro silencioso. Sacó una caja de su bolso y se la entregó a la vendedora.
Ella la abrió sin mostrar mucho interés.
Pero cuando vio lo que había dentro, sus ojos se abrieron de par en par, impactada.
—¡Madr