Cuando miró a sus ojos, lo único que vio fue vulnerabilidad.
La rabia que sentía por dentro se fue desvaneciendo poco a poco.
Se mordió el labio y desvió la mirada.
—¿Por qué me estás diciendo esto ahora?
—Porque tú me lo preguntaste anoche —respondió él con suavidad—. Pero parece que no lo recuerdas. Estabas un poco ebria.
El rostro de Bianca se tiñó de rojo.
—¿En serio? ¿Dije… dije algo más? —preguntó con voz nerviosa.
Los ojos de Dave brillaron con un matiz travieso.
—Bueno… —dijo, inclinánd