En realidad, Bruno solo estaba fingiendo dureza. Sin Reese, el espectáculo no podía continuar. Su actuación era clave para mantener al público interesado.
Bruno le echó un vistazo rápido a Bianca. Siempre le había parecido atractiva, pero hoy, vestida de manera profesional, se veía aún más refinada y encantadora. Se le ocurrió una idea.
—Bueno, ya que lo pides, supongo que te ayudaré. Solo asegúrate de agradecerme después —dijo con una sonrisa torcida.
—Gracias, señor Foster —respondió Bianca,