Como madre, Madison conocía a Bianca mejor que nadie.
Sabía que su hija debía haberse enterado de la verdad sobre Dave.
No sabía qué habían hablado afuera, pero estaba segura de que esa conversación había dejado a Bianca en el estado en que estaba ahora.
—Bianca, si necesitas llorar, llora. No te lo guardes —dijo Madison con suavidad.
Esas palabras rompieron el control de Bianca.
Se dejó caer al suelo, con los hombros temblando violentamente mientras sollozaba.
Las lágrimas caían al suelo, p