Bianca se sentó nuevamente junto a Blake, con una sonrisa de alivio en el rostro.
—Gracias, Blake. De verdad, aprecio mucho que estés aquí para mí.
Al verla sonreír, Blake sintió una paz profunda. Estiró la mano y le despeinó el cabello con dulzura, sus ojos brillaban con calidez.
—No tienes que agradecerme.
Bianca se sintió sorprendida por el gesto y apartó rápidamente la mirada.
Sus muestras de afecto siempre la tomaban desprevenida y le costaba mantener la compostura.
Como no sabía cómo corr