Aunque estaba en shock, Bianca lo abrazó con más fuerza.
—¡No te creo! —exclamó, buscando en su rostro cualquier indicio de que estuviera mintiendo—. Y entonces, dime... —miró su muñeca—, ¿por qué sigues usando la pulsera que te regalé si ya no me amas?
Dave alzó la muñeca. La luz de la luna iluminó con tristeza la pulsera de madera de rosa, símbolo del amor que se desvanecía entre ellos.
Con el corazón encogido, se la quitó. Sus dedos rompieron el delicado hilo, y las cuentas cayeron al suel