Reece, acariciando el vaso con sus dedos largos, respondió:
—Prefiero la franqueza. Si tienes algo que decir, dilo sin rodeos.
Bianca mantuvo su sonrisa suave.
—No hay prisa. Hablemos mientras comemos.
A medida que servían los platos, Reece comenzó a comer con naturalidad, lanzando miradas a Bianca de vez en cuando, esperando que revelara su verdadera intención.
Bianca se sorprendió de lo fácil que era hablar con él, lo que le dio cierta tranquilidad.
Comenzó a contarle los problemas que en