La colocó suavemente sobre el mullido sofá, inclinándose sobre ella, su presencia imponente llenando el espacio.
Su beso fue intenso y urgente hoy, como si solo ella pudiera saciar su hambre.
Atrapada en el torbellino de su pasión, Bianca no tuvo más opción que rendirse. Agarró su cuello con una mano mientras la otra empujaba suavemente su firme pecho.
—¡Señor Evans! —exclamó Bianca, apartándolo un poco para poder respirar—. Por favor... no tan intenso. No sé si pueda soportarlo.
El pecho de Da