Poco después, doña Jara volvió a servir otro tazón y lo colocó frente a Lucía.
Felipe lo tomó directamente, recogió una cucharada con la cuchara y volvió a acercársela a los labios.
—¿No te das cuenta de lo débil que estás? Abre la boca.
Al escuchar su voz suave, casi seductora, y ver la profundidad de sus ojos, Lucía supo que, si no se tomaba aquella sopa, Felipe no iba a dejarla en paz.
Harta, tomó el tazón y se bebió todo de una sola vez.
—Así está mejor.
Lucía dejó el tazón sobre la mesa con