CAPÍTULO 42. Escapando
Franco le dio la mano a Victoria y aceleró, perdiéndose en las calles oscuras de la ciudad. Tenía muy bien establecido los protocoles para cuando sucediera algo como aquello, porque desde el mismo día que había decidido vengarse de Santo Garibaldi, había asumido que algo como aquello podía pasar.
Volvió a tomar su teléfono y marcó un número, poniendo el teléfono en altavoz. Sabía que era de madrugada, pero también estaba seguro de que aquel hombre no dejaría de responder y en efecto, dos repiqu