Después del desayuno, le dijo a Max que se quedaría en casa para trabajar sobre unas cosas con Seda, algo que no era mentira, simplemente evitó decirle la hora en la que ambas debían comunicarse. Como no debía ir al museo ni al castillo, tampoco a la sede Davison, salió del apartamento y tocó la puerta del piso vecino. Eran las 09:00 horas cuando B.J abrió. La mujer arrugó el entrecejo, no esperaba que él le abriese, sino otro guardaespaldas.
—¿B.J? Ehh…, buen día.
—Buen día, señora Davis.
—A