Carla estaba encendida. Sentía celos y era la primera vez que los experimentaba así de fuerte por su esposo.
No se detuvo a analizarse a sí misma, su mente solo quería dedicarse a discutir con él, esclarecer dudas y que él pudiese confirmarle cada cosa dicha por esa mujer de allá en el apartamento de los escoltas.
—¿Por qué le das tantos rodeos a mis preguntas? —Carla y Max se detuvieron en la sala, frente a la encimera de mármol—. ¿Por qué no me respondes?
—¿Qué rayos te pasa, Carla? Primero,