El corazón de Sophia golpeaba contra sus costillas con tanta fuerza que pensó que podría desmayarse. El grueso dildo seguía apretado en su mano temblorosa, resbaladizo por sus jugos cremosos. Tenía las piernas muy abiertas, el coño expuesto y brillante, la mancha húmeda bajo su culo enfriándose sobre las sábanas de seda. Victor Black estaba de pie en el umbral como si fuera dueño de cada centímetro de la habitación… que, técnicamente, lo era.
Entró sin decir una palabra, cerrando la pesada puer