AARON
En el mismo instante en que Aurora dio su primer respiro aquí, en el momento en que aquellos deditos diminutos se envolvieron alrededor de los míos, supe que ella no me pertenecería para siempre. Viviría, crecería y, en algún momento, encontraría a su propio compañero. Así estaba construido el universo.
Pero darse cuenta y aceptarlo eran dos cosas muy distintas.
Estaba sentado a la gran mesa del comedor en el salón principal del castillo, observando a mi hija. Hablaba con Turtela y Alexia