Una vez más, las lágrimas acompañaban a Angelina, las rosas azules e invernales continuaban apareciendo debajo de su ventana, Caden las dejaba ahí como un recordatorio de su amor, un amor que la estremecía.
—Si me amabas, ¿por qué no luchaste por mí? —hablaba consigo misma mientras contemplaba la rosa azul. Experimentó tanta tristeza y rabia que ni siquiera el encuentro con Branimir y la felicidad de su madre lograron sofocar por completo el estruendo que experimentaba. Esa ansiedad que surg