No sabía cómo tomar aquello, no sabía que contestar o siquiera que decir ante sus palabras, la verdad es no sabía si enojarme, sentirme agradecida o retarlo por el hecho de que me considere tan débil como para tener la necesidad de ocultarme cosas, pero antes de que siquiera yo pudiese contestar algo de lo que él me acababa de decir, la puerta del auto fue abierta de manera arbitraria y el rostro de mis padres fue lo primero que vi, sus ojos dorados inyectados en sangre, mientras me tomaban del