Liora se quedó momentáneamente desconcertada por las palabras de aquella mujer.
Por un instante estuvo a punto de perder el equilibrio, pero logró mantenerse firme antes de que se notara. Lo último que quería era darle la satisfacción de pensar que sus palabras la habían afectado.
La mujer seguía observándola con aquella misma sonrisa arrogante, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si ya hubiera ganado. Ya no decía nada.
Simplemente esperaba.
Esperaba a que Liora perdiera la compostura.