77. NOCHE DE BODAS
La prenda que llevo me avergüenza tanto que, en un impulso de pudor, me cubro con una bata. Estoy de pie junto a la cama cuando Pablo entra en la habitación.
—Se acaba de ir el último invitado —dice mientras desabrocha los puños de su camisa—. Casi tuve que echarlo; Debí conseguir menos licor. ¿Te gustó la fiesta?
—Estuvo bien —murmuro, sintiéndome extrañamente vulnerable.
Mi mirada se evade cuando sus dedos liberan los primeros botones de su camisa. Siento que mi pulso se acelera, así que me a