24. COMPLEJO
—Dime que no cometiste una barbaridad —dice don Noé con el ceño fruncido y los ojos llenos de sospecha cuando aparezco nuevamente en su puerta.
—Cálmese, me he dejado llevar al antojo de todos —paso por su lado, llego a su minibar y sirvo un par de tragos—. Han pasado cosas, cosas que me tienen ofuscado y malditamente confundido.
Su expresión se suaviza un poco, aunque sigue sin bajar la guardia. Rechaza el vaso que le ofrezco, así que lo vacío de un solo trago, dejando que el licor caliente mi