25. REGRESO A LA HACIENDA ORTEGA
En esa hacienda, no soy bienvenido por muchos. Ahora entiendo que no solo es la señora Enola quien me desprecia; También el antiguo capataz parece inconforme con mi llegada. Pero eso no me afecta. Conozco bien al viejo amargado al que voy a reemplazar, y debo coincidir con Iván Felipe: no es alguien en quien confiar.
—Esta sección de la casa es para el administrador —anuncia con voz áspera el hombre regordete—. El señor Ortega desea que lo acompañe a cenar.
—¿A su mesa? —pregunto, desconfiado—.