120. PERDER EL APELLIDO ORTEGA
Ayer casi muero del susto al ver a mi hija herida. Cuando Rebeca llegó a casa, su brazo vendado y el rostro pálido, supe que un médico ya la había atendido y que su vida no corría peligro, pero aun así, el dolor y la angustia me consumieron.
¿Hice mal en entregar a mi hija a ese hombre?
No dejo de preguntármelo.
Supe que Iván Felipe había retado inicialmente a Pablo a duelo, un enfrentamiento que no llegó a concretarse por el repentino fallecimiento de mi querida Marta. Pero ahora, con el duelo