119. NUEVAMENTE MÍA
Salgo de la casa de don Noé con un solo propósito: recuperar a mi esposa. Sé que lo que estoy a punto de hacer no contaría con su aprobación, pero no soy él. No puedo, ni quiero, pasar veinticuatro horas sin ella.
La noche es mi aliada. La oscuridad cubre mis movimientos mientras cruzo el jardín con sigilo, acercándome al balcón de su habitación.
Desde la penumbra, la observo. Se levanta el tocador, deja caer la bata con elegancia antes de apagar la luz y deslizarse debajo de las sábanas. Por u