Era pequeñita, suave, y cada vez que bostezaba a Elliot se le derretían hasta el alma. Le dio un beso en la cabecita y le hizo un mimo antes de devolverla a su cunita.
—Pórtate bien, princesa, papi va a traerte a tu mami lo más pronto posible —le aseguró acariciándole uno de los cachetes con la yem