Sobra decir que a nadie le hizo gracia, pero tuvieron que tragarse la molestia cuando Melanie Gilbert se acercó a su esposo con el rostro emocionado.
—¿Listo? ¿Ya terminaron? —preguntó mirándolos a todos.
—Sí, querida, ya terminamos —dijo su marido con suavidad.
—¡Pues vayan a relajarse un rato y