Elliot sintió como si aquellas palabras lo abofetearan.
—Tienes razón —aceptó echándose atrás en su silla y cruzando los brazos, pensativo—. Y tú me dijiste que no estaba listo para casarme, que no estaba listo para formar una familia. ¿Crees que cambié en cuatro meses?
—¡Es diferente ahora…! —int