Una sonrisa cómplice se dibuja en mis labios, la felicidad me invade y me inclino un poco, acortando la distancia entre nosotras, para luego depositar un suave beso en sus labios. «Ya era hora de que aceptaras», le digo, bromeando. «Dímelo otra vez, quiero oírte decirlo». Necesito oírlo otra vez por mi propia salud mental.
—Sí, me mudaré contigo. —Hay tanta seguridad en su voz que casi le sugiero que llamemos a una empresa de mudanzas ahora mismo.
Espero que escuche cada palabra que diga a cont