—Entonces, ¿qué harás esta noche? —Su nariz se inclina con desprecio.
—Me voy a casa.—
—Pero es sábado por la noche. ¿No vas a salir con los chicos?
—Lincoln, mi niño querido.— Siempre me ha encantado cómo pronuncia la erre cuando me llama su niño querido. —¿Qué vamos a hacer contigo?— Me despeina.
Niego con la cabeza y tiro el tenedor al plato. Hace un ruido estruendoso al tocar la fina porcelana.
—No puedo con esto. —Me tapo los ojos con las palmas de las manos mientras una extraña oleada