Lo siento si te hice sentir incómodo. Me siento incómodo por eso. Me da mucha vergüenza ajena. ¡Mundo, cómeme ahora mismo! Me di un golpe en la cara. Me mareé y me dio el síndrome de la pata. Esa es mi excusa y me la voy a quedar.
—Entonces... ¿un pastelito? ¿Con tu taza?—
Hunter me sonríe con sorna y me dice suavemente que sí, por favor. Percibiendo mi ansiedad, me deja cambiar de tema.
Lo acompaño de nuevo a la sala de estar.
Se sienta al otro lado del sofá. No me siento precisamente insegura con mi cuerpo. Como bailarina, siempre usamos ropa muy corta, pero apenas conozco a Hunter, así que agarro mi manta para cubrirme la piel desnuda que se me ve.
Estoy bastante segura de que mi ropa empezará a desprenderse si me acerco más a su loción para después del afeitado. No hay muchas cosas que quitarme... Se me quitarían en segundos.
Nos relajamos y charlamos tranquilamente durante la siguiente media hora. Hunter me cuenta lo que ha estado haciendo estos últimos días. Su programa de entre