Edén
Miro hacia el cielo que se desliza por la puerta del coche. ¿Cayó del cielo como un ángel oscuro?
—Tom, nuestro conductor, está llamando a emergencias. Estábamos cerca de ti en la carretera. Qué suerte que te vimos. Perdiste el control en un trompo rapidísimo—, dice sin aliento. —Tu coche se ha adentrado en el campo. Tuvimos que venir corriendo a buscarte. Aparte de la nariz, ¿qué más tienes herido?—
Ni siquiera la luz interior del techo le da en los ojos de chocolate derretido. Me gustaría sumergirme en ellos. Mmm, sí.
No. Basta, Edén. Probablemente esté cerrado ahí abajo. Estoy bastante seguro de que eso es lo que pasa después de años de inactividad. Está en el sótano del Museo Escocés, bajo los Archivos de la Vagina.
No sé qué estoy pensando; de todos modos, no hay forma de que alguien como él pueda estar interesado en alguien como yo.
Hola, guapa. El atractivo sexual puro está en casa.
Maldita sea, mis pensamientos son aleatorios. Quizás sea el hipnótico aroma cítrico que des