Cae de rodillas y, como por arte de magia, el agua brota del techo. La luz ultravioleta incide en el agua, dándole la apariencia de un torrente de diamantes. Echa la cabeza hacia atrás, dejando que el agua le empape la piel, y se pasa las manos por todo el torso mientras desliza las rodillas hacia adelante y hacia atrás, girando las caderas y la pelvis.
Mierda, parece que está follando al aire.
Me doy una palmadita en el costado de la boca para comprobar que no estoy salivando visiblemente sobr