Elizabeth
El día había llegado, y todo lo que habíamos temido estaba a punto de desarrollarse en la sala del tribunal. Mientras caminaba hacia la corte con Ela de la mano, sentía cómo el miedo se apoderaba de mí. Mi corazón latía con fuerza, y mis pensamientos estaban desordenados. Por un lado, sabía que tenía que mantener la calma y ser fuerte por Ela; por otro, no podía evitar sentirme aterrada de que todo lo que habíamos luchado por construir se desmoronara.
Ela, inocente y ajena a la graveda